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El Museo Nacional Arqueológico de Tarragona

El Museo Nacional Arqueológico de Tarragona, creado a mediados del siglo XIX como Museo Provincial, es el más antiguo de Cataluña en su especialidad.

Con el tiempo, se ha convertido en el centro más importante para la recuperación, conservación, investigación y difusión del patrimonio procedente de la ciudad romana de Tarraco y de su área de influencia.


La importancia histórica y monumental de Tarraco y la problemática de su encaje en la Tarragona actual, han conducido al museo a centrar sus programas de investigación, conservación y difusión en el proceso de romanización de la Península Ibérica y el papel de Tarraco como capital de una de las provincias más extensas del Imperio romano.

La importancia histórica y monumental de la ciudad romana explica la formación de unas colecciones con un predominio claro de objetos relacionados con este periodo tan relevante de la historia europea.


Con precedentes en los siglos XVI – XVIII, las colecciones del Museo se forman a través de los objetos recogidos por miembros de la Sociedad Económica de Amigos del País de Tarragona, procedentes, en su mayoría, de las canteras abiertas para la construcción del puerto contemporáneo a partir de inicios del siglo XIX.

Entre finales de esta centuria y principios de la siguiente, se produce la urbanización del espacio existente entre la Rambla Vella y el puerto, afectando profundamente lo que restaba de esa área residencial.

Lo que antes era la antigua zona intramuros de la ciudad romana fue convirtiéndose en un área comercial plagada de cafés, hostales y talleres de cerrajeros profesionales. Todos los materiales encontrados en dichas obras fueron incorporados al museo.

También se incorporan los objetos aparecidos en las reformas urbanísticas llevadas a cabo en el casco a lo largo de los siglos XIX y XX.


Antes del siglo XIX se habían constituido incipientes pero importantes colecciones de las que tenemos noticia documental o, incluso en casos determinados, datos para valorarlas, aunque muchas se perdieron como consecuencia de las tropas napoleónicas y de las trágicas secuelas que tuvo la retirada en 1813, tanto para la población como para el patrimonio tarraconense.

Es, por ejemplo, el caso de la colección de monedas y cerámicas reunida por el canónigo Ramón Foguet y Foraster (1729 – 1794), o el de las monedas antiguas del arquitecto Joan Antoni Rovira (1731 – circa 1805).


En 1845, el “Museo de Antigüedades” adquirió rango de institución pública como consecuencia de la adscripción a la Comisión Provincial de Monumentos, creada el año anterior con el objetivo de preservar los bienes, especialmente inmuebles, secularizados raíz de la desamortización de Mendizábal (1836).

Hasta la primera mitad del siglo XX, se incorporan, además de hallazgos ocasionales y dispersas, los extensos conjuntos de materiales recuperados en las excavaciones del Teatro (1919), el Foro de la Colonia y la Necrópolis Paleocristiana (1926 – 1933).

A partir de la década de los 60 del siglo XX la ciudad experimenta un rápido crecimiento que afecta con especial intensidad el suburbio occidental de Tarraco.

Aunque muchas de las evidencias arqueológicas desaparecen sin dejar rastro documental, podemos destacar el ingreso de objetos recuperados en excavaciones urbanas y en villas romanas del “ager Tarraconensis” como Centcelles y Els Munts.

A lo largo del tiempo, el Museo ha incrementado sus fondos y es, desde un punto de vista normativo, el destino obligada de todos los materiales que se encuentran de forma reglada o casual en el solar de la antigua Tarraco y de buena parte de su territorio (ager Tarraconensis), base fundamental de sus colecciones.

Las colecciones del MNAT constituyen, pues, un referente obligado para el estudio de la Tarragona romana.



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